2014 deberá ser el año de la desobediencia civil

2014 deberá ser el año de la desobediencia civil

Primero perdimos la confianza en el sistema, un sistema que gastó nuestros impuestos en rescatar a los bancos que habían estado jugando a la ruleta rusa con nuestros ahorros, pero que nos dejó tirados en la cuneta cuando esos mismo bancos vinieron a desahuciarnos porque no podíamos pagar la hipoteca. Luego perdimos la confianza en la justicia, cuando ante nuestras denuncias no hacíamos más que topar con el desamparo de la Ley Hipotecaria, que solo protege a los bancos a los que han rescatado con nuestros impuestos. A continuación perdimos la confianza en nuestros gobernantes, a quienes pedimos ayuda, porque les hayamos votado o no, nos representan a todos, teóricamente, claro, porque mientras salvaban a los bancos nos ignoraban estoicamente. Fue entonces cuando decidimos manifestarnos, primero, en su línea, nos ignoraron, luego, cuando fuimos más numerosos, nos reprimieron mandando a los guardianes del monopolio de la fuerza. Decidimos entonces paralizar los desahucios por nosotros mismos, ya que ellos no pensaban hacer nada, entonces nos mandaron todavía más policía, para reprimirnos todavía más fuerte. Recogimos firmas, muchas firmas, muchísimas, un millón y medio de firmas, y presentamos una ILP para pedir la dación en pago de las hipotecas, algo tan sencillo como que la dación del bien inmueble constituya la quita de la deuda, y el ciudadano no deba estar pagando al banco después de quedarse sin casa, algo que ya existe en ese país que tanto alaban, los Estados Unidos. Y a pesar de que todos los partidos políticos presentes en las Cortes la aprobaron, el partido de la mayoría, el Partido Popular, la vetó, vetó la dación en pago universal, defendiendo una vez más los intereses de los bancos. Fue entonces cuando decidimos optar por los escraches, que también existen en los Estados Unidos desde hace mucho tiempo, cuando ya lo habíamos probado todo, cuando ya nos habían ignorado de todos los modos posibles, entonces, la desobediencia civil fue la única herramienta que nos quedaba para seguir luchando por un país democrático y justo.


Porque no vivimos en un país democrático y justo.


La historia de España nos confirma que en este país todo progreso ha sido el resultado de la rebelión popular, de la movilización, de la desobediencia civil. Cuando las leyes no son democráticas, pocas son las diferencias entre una Monarquía parlamentaria y una Dictadura. Cuando las leyes, el sistema y los gobernantes oprimen al pueblo con violencia económica, social, cultural, política, legislativa, comunicativa; hay que rebelarse.


Hemos llegado a un punto en el cual los gobernantes han incumplido prácticamente todo su programa electoral, salvo la parte en la que decían que prohibirían a las mujeres el aborto, esa si la han cumplido. En lo que al resto se refiere, modifican leyes a su antojo para beneficiar a los poderes fácticos, la banca y los grandes empresarios, mientras el pueblo es despedido, desahuciado, enferma al no poder pagar la calefacción, no puede pagar los medicamentos, y es un poco más ignorante cada día que pasa, porque la cultura es un producto de lujo. Mientras las pequeñas y medianas empresas cierran. Mientras los cerebros de nuestros jóvenes adultos, se van lejos, muy lejos de aquí.


Nos acusan de violentos, dicen que los escraches son ilegales, que no es justo hacer vivir tales situaciones a las familias de los políticos. Nos preguntan ¿te gustaría que te lo hicieran a ti?


A todos ellos les puedo decir, para empezar, que para que me hicieran un escrache a mi, debería tener un domicilio. Un techo bajo el cual dormir. Esa sería la primera condición. Tal vez una vez tuve uno, pero vinieron los defensores del orden público a hacerme algo más que un escrache: a desahuciarme. A mi, y a mi familia, porque yo también tengo familia, si, niños y niñas, igual de frágiles que las familias de los señores que se quejan de los escraches, incluso más, porque ahora además no tienen donde dormir. Pero más allá de todo esto, señores, que quieren que les diga: claro que no me gustaría que me hiciesen un escrache a mi, si los escraches fuesen agradables no se los haríamos. Claro que son violentos, son violentos como la subida del IVA en alimentación, como la subida del precio de la electricidad, como el IVA al 21% de la cultura, como la nueva ley de orden público, como la prohibición del aborto, son violentos como el abaratamiento del precio del despido, como los despidos masivos, como los EREs, son violentos como los desahucios. De hecho, son mucho menos violentos. Vivimos en violencia constante, señores. Claro que son ilegales, son ilegales como lo era la libertad de expresión en el Franquismo, como lo era el derecho de reunión en el Franquismo, como lo era el adulterio en el Franquismo. Así de ilegales son. En cambio hay cosas legales como el despido libre, la privatización de la sanidad y los desahucios, o como la lapidación de las mujeres en Mali, o como la pena de muerte, o la ablación del clítoris. Todo eso son cosas legales, en algún lugar, en algún momento, y no por ello creemos que sean justas.


Martin Luther King sufrió el linchamiento de los medios de comunicación y la persecución del Estado, la policía y los poderes fácticos (bancarios y empresariales), pero no desistió, porque sabía que luchaba por una causa justa.


Ada Colau y la PAH luchan por una causa justa y lo saben, a pesar de tener a los poderes fácticos en contra. Y seguirán luchando. Y seguiremos luchando. La desobediencia civil es el camino hacia el progreso, y un indicador de que vamos por el buen camino es lo nerviosos que se han puesto los señores del Establishment. 2014 deberá ser el año de la desobediencia civil, porque es la única manera de salir de esta mentira llamada crisis que nos quieren vender a toda costa mientras se hacen de oro con el poco dinero que nos queda.

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